Cuando era pequeña, mi padre nos hacía unas migas buenísimas en el fuego de la chimenea. Eso si, tardaban muchísimo. Pero cuando estaban listas, no duraban ni cinco minutos.
Aún recuerdo el día que le dijimos a mi madre…jo mama, si estuviese aquí el papa, nos haría migas. Y ella, en un arrebato de orgullo y dignidad culinaria, rallador y barra de pan en mano, decidió debutar en el arte de las migas de pastor.
Y las hizo. Y salieron del fuego…cuando llegaron a la mesa, mi abuela, con mucha presteza se metió la primera cucharada en la boca y fue entonces cuando se forjó la tan famosa frase en mi casa !!JESUCRISTO PEPÌN!!
…Ay mamaaa ¿Es que no están buenas? Dijo mi madre a mi abuela.
Jajaja…tengo que decir, que como las migas de mi padre y mi tía, no hay otras. Y yo he aprendido a hacerlas de ellos dos. He escogido los mejores trucos de cada uno, y algún ingrediente de otros cocineros…porque cada vez que vamos por ahí, a lo largo o ancho geografía española, me las pido. Es uno de mis platos preferidos y una bomba calórica.
.-Pan (puede ser duro o no).
Cortar el pan a lascas pequeñas, y poner en un recipiente hondo, mojándolo con la mano poco a poco, sin empapar. Tapar con un paño y esperar unos 15 minutos aproximadamente.
Esto es para que por capilaridad, el agua se reparta uniformemente a todos los trocitos de pan.
Freír la longaniza cortada a trozos no demasiado pequeños. Reservar y freír un poco el jamón o el bacón, que también sacaremos de la cazuela hasta dejar el aceite limpio.
Añadir ahora el pan y dar vueltas hasta que se dore un poquito.
Según el refrán… “Las migas de pan a las dos vueltas ya están, las del pastor cuando más vueltas mejor "
Pruébalas y añade toda la fritada, da un par de vueltas y ya están listas. Como todas las cosas, la práctica es una cuestión decisiva en el resultado final.
